Würzburg, Déjà Vu!

diciembre 3, 2008

Existe una ciudad alemana, Würzburg, ciudad histórica, situada en Bavária a medio camino entre Frankfurt y Nuremberg. Es famosa por tener una de las universidades más antiguas de Alemania, y por ser el lugar natal de Dirk Nowitzki. Es bastante bonita, la ciudad sorprende por la gran cantidad de iglesias, y palacios. Y como toda ciudad que se precie, tiene su castillo, y su río con sus puentes … y lo curioso que no se porqué tuve esa sensación de haber estado allí antes.

Alte Mainbrücke Vs Karluv Most
Karluv Most Vs Alte Mainbrücke
Marienberg Burg Vs Alcázar de Toledo
Alcázar de Toledo Vs Marienberg Festung

Pues eso, no os ha ocurrido nunca eso de estar haciendo cualquier cosa aleatoria y tener la impresión de haberla vivido ya?

Los franceses lo llaman Déjà Vu.

Los más frikis dicen que ha habido un fallo en Matrix.

El sabelotodo historiador nos aclarará que es normal puesto que las contrucciones deben datar de períodos similares y/o han recibido las mismas influencias.

El sabelotodo geógrafo por su contra argumentará que lo que es similar en realidad es la orografía.

El escéptico tiene esta sensación cada vez que va al centro de cualquier ciudad random, come en un McDonalds, toma un café en el Starbucks, luego intenta comprar un pañuelo palestino y duda entre los del Zara, el Mango, el H&M, el Bershka …

Personalmente pienso que todos ellos son unos exagerados (e incluso es posible que se equivoquen!), y que en realidad lo único que se necesita es estar un poco atento a lo que te rodea … y tener tu cámara a mano para captar el momento, por si acaso.


La taza

julio 12, 2008

Yo era de los que en la oficina usan vasos de plástico para beber café y agua, y un día tuve la ecológica idea de comprarme una taza de cerámica. Pensé que, por mínima que fuese la contribución, era innecesario derrochar vasos de plástico cuando yo mismo podía evitarlo gastándome tan sólo un euro y medio. Tal era la alegría de mi estreno, que fui escampando la buena nueva por todos los rincones. Y a las primeras de cambio, me topé con un sabelotodo.

Un sabelotodo de esos pequeñitos y con voz de pito que tienen siempre datos escondidos en la recámara dispuestos a dispararlos cuanto más fastidio puedan ocasionar. ¿A qué no sabía, me dijo, que la fabricación de una taza de cerámica requiere mil veces más energía que la de un vaso de plástico? Realmente, continuó, no le estaría haciendo un favor al planeta hasta que no usara la taza al menos mil veces. Y, claro, las mil veces asumen que los vasos de plástico son usados una sola vez, pero que haciendo como él, que reutilizaba el mismo vaso durante todo un día, entonces serían dos o tres mil veces, y todo ello asumiendo que el vaso fuera opaco, porque el transparente es incluso menos costoso de producir, y ya no contamos el agua que gastamos lavándola. Y estas cosas pasan, prosiguió, porque la gente no se informa ni piensa y se suma a todas las modas, que la gente habla mucho sobre la contaminación y el deshielo, pero que ¿a que no sabía que en la Antártida hay cada vez hay más hielo?

Así que los días posteriores a esta flamante reprimenda, ahí estaba yo, con un dilema existencial, sin saber si le habría hecho un favor al mundo o habría cometido un delito contra él, sin saber si al planeta le iba a salir más a cuenta que siguiese usando mi taza o que me deshiciera de ella directamente. Y todo ello por culpa de esta marabunta de información (y desinformación) en tan corto tiempo que supone el temor al cambio climático.

Os preguntaréis cuál fue el desenlace de la historia. La taza acabó desapareciéndome. Así, de repente. Alguien se la llevaría por error, alguien me la robaría, o alguien la rompería sin querer y me lo ocultaría, no lo sé ni me importa, el caso es que la taza ya no estaba ahí, y alguien se había convertido en héroe o villano, tampoco lo sé, pero al menos me había librado de una carga insoportable y me había hecho un favor que no sabría cómo agradecer. Así que ahora escribo esto mientras me tomo mi café de la mañana en un vaso de plástico, y he decidido preocuparme por otras cosas. Y es que, como dijo Xavi, a veces matamos moscas a cañonazos y a veces pretendemos parar cañonazos con matamoscas.