Slumdog Millionaire – y sus consecuencias

enero 30, 2009

345553310El fin de semana pasado vi la película británica Slumdog Millionaire, y tengo que admitir que me gustó bastante. La sinopsis, así en corto es: un muchacho indio que ha crecido en la más absoluta pobreza está de repente sentado en el plató de “Quiere ser millonario” optando al premio máximo. Las sospechas de que haya hecho trampa nos llevan a reconstruir la historia de su vida, en un episodio por cada pregunta.

La película es completa, épica, comprometida y trepidante. De hecho la combinación de comprometida + trepidante recuerda inevitablemente  a Ciudad de Dios, aunque Slumdog Millionaire tiene vida por sí misma, y mucho más de lo que puedo contar. Cuanto más pienso en ella, más me gusta.

Resulta que otra de las cosas que tiene la película es su capacidad de incomodar a una persona occidental, de enviarle un latigazo diciendo que eso que estás viendo en la pantalla y que teóricamente pertenece a tu tiempo de ocio está pasando en alguna parte del mundo. Y piensas si se puede hacer algo. Y tabién piensas que está bien que den estas películas para mostrar eso.

(O precisamente el hecho de que las den en el cine, téoricamente en nuestro tiempo de ocio, ¿hace que nos insensibilicemos y que creamos que todo eso pertenece al mundo de la fantasía?

Todo esto no lo hubiese escrito de no ser por la conversación que tuve el lunes con mi compañero de oficina de Kenia, que dijo haber visto la película, pero que no le había parecido tan interesante porque todo eso de los niños en la basura ya lo había visto él en África.

La película apunta alto y seguramente será muy premiada – en el mundo occidental. ¿Servirá de algo? Me quedo con la siguiente duda: estas películas nos acercan y conciencian más sobre un mundo que se nos antoja lejano o ¿precisamente lo alejan más?

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Crónica Negra: La historia de un bala perdida

septiembre 16, 2008

 

Pedrito Winchester nunca pasó de bala perdida.

Él, que había sido joven brillante y vigoroso. Su sueño era trabajar para la Policía -o en su defecto el Ejército. Quería luchar contra las injusticias, proteger a los desamparados, detener a pérfidos ladrones o malvados terroristas (1). Y estaba sobradamente preparado.

Pero algo se torció en su camino. Tal vez fuera por mala suerte, tal vez por haberse juntado con la gente equivocada. Tampoco tuvo elección. Su orgullo y el sentido del deber seguían intactos, con la diferencia que su entorno se había tornado lúgubre. En las esferas más bajas de la ciudad, en un club de carretera, el bala perdida, velaría por la protección de su mentor (2) -y a su vez de aquel grupo de chicas tristes llegadas del este (3).

Hasta aquel fatídico día. Y es que los bajos fondos son peligrosos: una riña tonta, una timba de poker amañada, una venganza, un timo (4)… Aquella noche fue un simple borracho que en su locura había desenfundado un cuchillo-tenedor y amenazaba a una de las tristes señoritas (5). Se oyó un disparo! …. Era Pedrito! …. UN GRITO! …. Femenino! ………. Silencio ………

Hoy todo ha pasado, bueno casi todo. Pedrito se encuentra en el hospital, alojado entre la 4ª y 5ª vértebra de la pobre señorita (6). El borracho no tiene ni idea de como logró esquivarlo y escapar. Ella sobrevivirá. Pedrito también, pero deberá pasar por interminables sesiones de reconocimiento en laboratorios forenses (7). Seguramente acabará perdido en algún informe pericial o sumario judicial… En algún almacén, olvidado.

Él hubiera querido ser un héroe… pero jamás pasó de ser una bala perdida (8).

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